Mira
Hoy quiero compartir algo que llevo muy dentro.
Esto lo escribí hace tiempo, gracias a dos personas que, aunque ya no están, siguen muy presentes.
Una de ellas ya no está en este mundo. La otra… bueno, la otra simplemente ya no está en mi mundo.
Pero por dentro, las siento. Como un fantasmas que siguen rondando por ahí, en algún rincón oscuro donde uno guarda lo que no quiere soltar del todo.
Hace años, la letra salió de mí casi sin pensarlo. Y ahora, el hecho de que estas palabras sean lo único tangible que queda de esa época me hace verla con otros ojos. Porque, aunque fue vendida, hoy quiero que la leas.
Porque la persona que hizo posible que mi letra se convierta en canción… la vendió.
Vendió su música y cumplió su meta antes de partir.
Y con esta canción, se fue también un pedazo de algo más. Algo que cuesta describir, pero que seguro entenderás al leerla.
Aquí te la dejo:
La primera vez que vi,
el reflejo de su cara,
supe que era para mí.
Sin saber lo que esperaba,
sus ojos café brillaban,
como un felino en la noche.
Y yo,
que no me aguantaba,
cruzaba miradas sin roces,
desde aquel día…
y hasta entonces.
Duele, duele
Saber que me tienes cuando tú quieres…
Tus labios candentes,
tú juegas conmigo,
lo dice la gente.
Y yo…
a ti te digo:
Dime, niña, si tú a mi me quieres…
Como yo te quiero a ti…
Tú eres…
Como la rosa de espina que hiere,
Como la flor de jazmín,
que su aroma devora la noche,
y se apodera de mí.
Dime, niña, si tú a mi me quieres…
Como yo te quiero a ti…
Tú eres…
Como la rosa de espina que hiere,
Como la flor de jazmín,
que su aroma devora la noche,
y se apodera de mí.
¿Qué pasa por tu cabeza…?
Que no tiene pena, ni dolor.
Yo soy de aquella persona…
que le manda el corazón.
Le resta la valentía…
estando solo los dos.
Impidiéndome la huía,
prisionero de su amor.
Y duele.
Saber que me tiene…
cuando tú quieres.
Como yo te quiero a ti…
Tú eres…
Como la rosa de espina que hiere,
Como la flor de jazmín,
que su aroma devora la noche,
y se apodera de mí.
Tus labios candentes,
tú juegas conmigo,
lo dice la gente.
Y yo…
a ti te digo:
Dime, niña, si tú a mi me quieres…
Como yo te quiero a ti…
Tú eres…
Como la rosa de espina que hiere,
Como la flor de jazmín,
que su aroma devora la noche,
y se apodera de mí.
Ahí la tienes.
Cuando la escribí, no era la persona que soy ahora. O tal vez sí. Tal vez hay partes de uno que nunca cambian, aunque nos engañemos pensando lo contrario.
Un abrazo