Mira.
Lo que voy a contarte hoy es una lección de ventas y de vida (que, como ya sabes, es lo mismo).
Debería costar dinero.
Pero no lo voy a cobrar.
Por eso sé que muchos no le interesará ni media bola.
Eso no es problema mío.
Es problema suyo.
Escucha.
¿Conoces el Volkswagen Golf?
A mí me gusta el MK4, el que no necesita gritar para llamar la atención.
El Golf tiene una presencia sutil, pero sólida.
No tiene los brillos ni los adornos de otros carros, pero cuando lo ves, sabes que no es uno cualquiera.
Con su carrocería de líneas sencillas pero firmes, su capó ligeramente inclinado, y ese toque de «no me sobra nada, pero todo lo que tengo está bien puesto».
Este carro tiene carácter, y eso se nota.
Pero no es eso de lo que te quiero hablar.
Desde los 90, con el Golf MK3, Volkswagen lanzó un reto: si lograbas voltear un Golf, te regalaban otro.
Uno nuevo.
A estrenar.
Bien.
¿Qué pasó?
Lo que siempre hace la masa.
La masa amorfa, que siempre está equivocada, no lo olvides, aceleraron como locos, giraron el volante como dementes, metieron todo lo que tenían de ganas y… nada.
El Golf seguía como si tuviera raíces en el suelo.
Todos fracasaron.
Pero
Pero
Pero…
…Pero con la cuarta generación, la mía, en 2001, llegó un fulano en Inglaterra…
(Redoble de tambores aquí.)
El tipo se subió al Golf, se puso el cinturón, y respiró profundo.
En vez de acelerar hacia adelante, como todo el mundo hacía, puso retroceso.
Aceleró como un loco, y en el momento justo, giró el volante.
¿El resultado?
El Golf patas arriba.
Y ahí tenemos al ganador.
Oh.
Oh oh.
Oh oh oh.
¿La lección?
Coño, está más clara que el agua.
¿Ves lo que hace toda tu competencia?
Haz justo lo contrario.
Si tienes bolas, claro.
Para los que NO hacen lo que todos hacen, tengo esto:
PD: Este cursito es tan raro, que si haces tus propuestas cómo te digo allí, el cliente te perseguirá a ti. O sea, justo al revés que casi todo el mundo.