Hay cosas que te marcan.
No por lo que son, sino por lo que te revelan de ti mismo.
Ayer murió un animalito.
No sé si has sentido alguna vez esa culpa silenciosa.
Esa que te susurra:
“Esto fue por tu culpa, por no estar.”
Me ha pasado más veces de la que me gustaría.
En el amor, en los negocios, en la vida misma.
Cuando algo muere por no estar, te prometes que no volverá a pasar.
Te aferras.
Te obsesionas.
Y ahí es donde la historia da otro giro cruel.
Porque ese miedo de perder por no estar, te lleva al exceso.
Te hace creer que, si no estás todo el tiempo, lo perderás otra vez.
¿Y sabes qué pasa?
Que cagada!! lo pierdes de nuevo.
Pero esta vez por asfixia.
El amor, el negocio, incluso un cliente que parecía seguro.
Se cansan de ti.
De tu exceso.
De tu constante necesidad.
Ausencia o exceso.
Dos historias diferentes pero el mismo resultado.
Lo curioso es que en el fondo, todo esto se resume en una sola palabra: MIEDO
Miedo a no ser suficiente.
Miedo a que te olviden.
Miedo de pobre huevón.
Y en los negocios, en las ventas, en el marketing…
es exactamente igual.
Si no hablas, nadie sabe que existes.
Si hablas demasiado, te dejan de escuchar.
La clave no está en la cantidad.
Está en la calidad.
En saber cómo conectar, cuándo hablar y qué decir.
En la estrategia.
Por eso creé este material para ti.
Un descargable donde te enseño a minimizar este error.
A encontrar el equilibrio.
A construir un discurso que conecte de verdad.
Ni ausente, ni asfixiante.
Habla cuando toca.
Haz que cuente.
Haz que sea memorable.
PD:. Si algo aprendí a coñazos es que no necesitas estar todo el tiempo. Tampoco desaparecer. Solo necesitas aparecer cuando importa, hacerlo bien y saber dejar huella, no cansancio.