Imagina que los clientes dijeran a todo que sí. Imagina:
«Sí, claro, tengo un rato para hablar.»
«Cuéntame qué haces»
«Me encanta, probemos»
«¿Te parece si te pago ya?»
Imagina eso cada maldito día, cada maldita llamada.
Sí, sí, sí. Que recibir un no fuera una cosa extraordinaria.
¿Sabes dónde estarías si eso fuera así? En la maldita mierda.
Serías pobre como una rata. Te lo habrían quitado todo antes de nacer.
Competir sería una carrera por encontrar la oportunidad más rebuscada del mundo que nadie ha visto todavía.
Sería cómo nadar en un océano del tamaño del pacífico en el que quedan 4 o 5 peces vivos.
Por suerte vender es jodido. En lugar de vivir en la mierda tienes que tragarla. Escuchar noes y pendejadas todos los días.
El tipo que se ofende, el que no entiende nada, el que quiebra antes de reconocer que te necesita, el que está contento con lo que tiene aunque no sabe ni lo que tiene y el empleado que se hace pasar por el jefe.
Porque el mundo es así, porque para penetrar en un banco de peces tienes que usar el arpón cientos de veces… la vida es tan fácil como es.
Las oportunidades están ahí, por todos los sitios. No hay ni que buscarlas. Y lo único que requiere hacer para conseguirlas es hacer lo que la mayoría no están dispuesto a hacer:
Mover tu culo hasta lo que quieres
Entablar una conversación
Callar
Escuchar
Entender
Fracasar
Repetir hasta triunfar
Ni más. Ni menos.
A eso, los llorones le llaman «situación país». Y a quien dice lo contrario, estafador.