No te olvides de esto.

Depende de la cantidad de anestesia.

Es decir, lo que consigues en la vida depende de la cantidad de anestesia.

Me explicaré mejor.

Tú sabes que vas a morir. Porque lo sabes, ¿no? Claro que lo sabes, si lo sabe hasta un recién nacido.

Ahora te pregunto, ¿cuántas veces al día lo piensas? Porque yo, bastantes.

Estaba en el colegio y pensaba, coño, un día me muero y aquí estoy, escuchando pendejadas en lugar de estar jugando en la cancha.

Y estaba en el trabajo, durante los pocos meses de mi vida que he tenido trabajo de oficina, y miraba por la ventana y pensaba: coño, un día me voy a morir y esos perros callejeros han tenido una vida más libre que la mía.

Y he estado reunido con clientes, escuchando cómo me contaban sus absurdas teorías acerca del marketing y la tecnología, y lo que pensaba es que si no salía de ahí me iba a morir en ese momento.

Lo que te quiero decir es que me anestesio bastante poco. Que ese pensamiento está todo el tiempo dando vueltas, que incluso lo busco. Y cada vez que lo encuentro, hago cosas.

Me hago un bolso, me subo al carro y aprovecho cualquier oportunidad, me presento al fulano del reloj caro, le digo una tontería a la chica más simpática, me juego lo que tenga a una ocurrencia o se los regalo a alguien que está jodido.

A eso me refiero.

Que tu miedo a hacer cosas es directamente proporcional a la anestesia que te pones para evitar pensar en tu inminente fallecimiento.

A más te anestesias, menos haces. Así lo veo yo.

Tres cosas:

1) No te tomes la vida demasiado en serio, no vas a salir vivo de ella. O como una sabia amiga me dijo: si ya la tienes adentro, muévete.

2) La vida es un camino. Lo que haces es lo que avanzas. Lo que sabes, la velocidad a la que vas.

3) El lunes hay nuevo material disponible, lo malo es que vas a tener que registrarte antes de que resucite Cristo.

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