Claro que te sigo queriendo.
Y si me necesitas, probablemente ahí estaré.
No por débil.
Sino porque te tengo cariño.
Del real. El cariño se demuestra mejor con verdad que con zalamería.
Pero ojo…
Yo no siempre fui así.
He sido tan pendejo como para rogar.
He bajado la cabeza.
He mandado mensajes que no debí mandar.
He estado a milímetros de la humillación total.
Por «amor». Por «trabajo». Por «una oportunidad».
Por miedo, más que nada.
Hoy es diferente.
Hoy si alguien me quiere lejos, me voy.
Y si vuelve… hablamos. Pero con las reglas claras.
Con respeto mutuo o nada.
Este lunes te voy a mostrar una historia parecida.
Un cliente mío ODIO uno de mis materiales.
Y me lo dijo con desprecio.
Insistió. Escupió. Casi me imprime y me lanza el PDF por la cabeza.
¿Sabes qué hice?
Le respondí. Sin perder el control.
Pero tampoco le dejé pasar una.
Y te voy a mostrar exactamente lo que le contesté.
Palabra por palabra.
Porque si tú usas esas frases tal cual, pueden ayudarte a atraer:
— clientes que te respeten
— que te paguen lo que vales
— y que te ayuden a crecer sin tener que bajarte los pantalones
No es un material más.
Es una lección de amor propio profesional.
Este lunes.
Te apuntas aquí…
Y sí, claro que te sigo queriendo.
Pero si vienes a joderme…
también sé quererte desde bien lejos.
—Ygor Abreu