Un día un tipo con el que estudié me preguntó si podía hacerle una web para su estudio de arquitectura.
Le dije que sí.
No sabía hacer webs.
Ni idea. Cero.
Pero dije que sí igual.
Porque uno es así: bruto, impulsivo y con la autoestima justo por encima de la miseria.
Y la hice.
Y aprendí.
Y la lancé.
Y no pasó una mierda.
Porque hacer algo —aprender, hacerlo bien, que funcione— no es tan difícil.
Lo difícil es que alguien lo vea.
Y que de los que lo ven, al menos uno te haga caso.
Eso ya es territorio salvaje.
Pero lo jodido de verdad no es eso.
Lo jodido es aguantar.
Aguantar cuando no pasa nada.
Cuando no hay visitas.
Cuando no hay mensajes.
Cuando no hay un solo cabrón al otro lado.
Y la cabeza empieza a susurrarte:
“Déjalo ya, coño. Esto no va pa’ ningún lado”.
Ahí es donde se bajan la mayoría.
Porque no entienden que esto no trata de ser el más inteligente, ni el más bonito, ni el más preparado.
Es to es de quién aguanta coñazos.
De ajustar mientras te siguen cayendo los palos.
De seguir lanzando aunque no queden fuerzas.
Yo aguanté.
No porque fuera un héroe.
Fue por supervivencia.
O salía bien.
O me iba a la mierda
(Y ya medio estaba ahí, así que tampoco tenía mucho que perder.)
De eso trata LANZA O MUERE.
Un curso de 60 días para los que ya no tienen margen para “ver si funciona”.
Para los que ya están jodidos.
Pero se quieren joder con más puntería.
Empieza el 29 de mayo.
Sin grabaciones.
Sin repetir.
Sin instagrams motivacionales.
LANZA O MUERE