Podemos ser amigos

A estas alturas de mi vida ya me da fastidio intentar caerte bien.

No estoy para hacerte sonrisitas.

No me interesa parecer simpático.

Las cosas son o no son.

Las personas cumplen o no cumplen.

Están o no están.

Y todo lo demás es adorno.

Las amistades —las de verdad— no necesitan ser simpáticas.

No están llenas de emojis ni de cumpleaños por Zoom.

Se basan en algo mucho más simple y más difícil de sostener:

Estoy comprometido, ¿sí o no?

¿Soy confiable, sí o no?

¿Soy consistente, sí o no?

Ya está.

Y si eso no está claro desde el principio, todo lo demás es relleno.

Por eso cuando alguien me dice que quiere «quedar como amigos» después de una relación, me río por dentro.

Eso no es madurez.

Eso es miedo a aceptar que uno se equivocó.

Y querer que el otro se quede amarrado “por si acaso”.

Ni en relaciones, ni en negocios, ni en la vida real funciona eso.

Yo no quiero gente tibia.

Ni clientes que “leen por curiosidad”.

Ni suscriptores que están solo para ver si algo les entretiene.

Esto no es una serie de Netflix.

No estoy para entretenerte.

Estoy para enseñarte, escribirte y venderte cosas que te pueden servir. Punto.

Y tú decides si estás o no estás.

Así que si lo que quieres es una relación sin adornos.

Suscríbete.

Y empezamos a construir algo que sí vale la pena.

Y si no…

No pasa nada.

Pero no me escribas después diciéndome que “no sabías” o que “te gustaba lo que hacía pero no te registraste”.

© Copyright 2024 – Todos los derechos reservados, Estimulante C.A.