Durante 60 días vi cómo más de 100 personas escribían para vender.
Todos los días.
Sin excusas.
Sin musica clasica de fondo.
Solo práctica real, errores reales… y patrones reales.
Y hubo un patrón que se repitió tanto que parecía estampado:
Frases diseñadas para sonar buena gente.
Pero que, en el fondo, saboteaban el mensaje.
“No quiero venderte nada…”
“Solo quiero ayudarte…”
“Esto no es como los otros…”
Esas frases suenan suaves.
Tranquilas.
Como una carita de perrito mojado pidiendo cariño.
Pero te hunden.
No aportan datos.
No se pueden verificar.
Y lo peor: no están escritas para el lector…
están escritas para que tú te sientas seguro.
Como si dijeras:
“Por favor créeme… soy bueno. No me odies.”
Y ahí es cuando te conviertes en Bambi.
Y spoiler:
a Bambi le disparan.
Si escribes así, pareces alguien que quiere aportar sin molestar
y convencer sin incomodar a nadie…
Y eso, en la vida,
es como lanzar un dardo con guantes de cocina.
La gente no quiere que le pidas permiso.
Quiere saber si lo que ofreces sirve.
Y para eso, necesita una estructura que no huela a “te lo digo con el corazón”.
El martes voy a mandar una herramienta exacta para cortar esa manipulación disfrazada de bondad.
Y reescribir tus textos con músculo.
Sin sonar a frase motivacional.
Suscríbete aquí si quieres recibirla
No te va a dar likes.
Te va a dar conversiones.
Y eso, para alguien que escribe para vivir, no es poca cosa.