Lo hice por placer.

A los 21 compré mi primer carro.

Audi A3 jodido.

La caja automática estaba muerta.

Me obsesione y lo reparé.

Después pasó lo mismo con el carro de mi papá un Golf.

También lo reparé.

Y descubrí que era un fallo común en el grupo VAG.

Así que puse un anuncio en MercadoLibre:

“Reparo cajas automáticas del grupo VAG. Diagnóstico: 80$.”

El precio era caro.

No porque buscara posicionamiento ni por estrategia de marketing.

Simplemente quería filtrar a los que me dieran flojera.

Hacía dos preguntas:

– ¿Ya lo han intentado reparar otros?

– ¿Qué modelo es?

Si estaba manoseado, no me interesaba.

Si era un carro aburrido, tampoco.

Lo hacía por placer.

Quería arreglarlo y luego probarlo.

No complicarme la vida con chatarra.

Y eso, sin darme cuenta, era lo más inteligente que podía hacer.

La verdad es que en otras etapas de mi vida olvidé actuar así.

Acepté trabajos, proyectos y personas que no me daban ninguna motivación.

Fui imbécil por eso.

En copywriting pasa igual.

Si escribes para cualquiera, terminas sonando a cualquiera.

Si filtras y cuentas lo que de verdad te enciende, conectas.

De eso trata el boletín de este mes: cómo usar la metáfora del “ex” para vender desde experiencias reales y no desde frases recicladas.

Descárgalo allí abajo…

La verdad incómoda sobre mi ex (y por qué los que la conocen y no la saben utilizar se joden)

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