– El amor al pueblo o al barrio o a las cabras.
– Las siestas, las pelis, las series, la música.
– El tabaco, los doritos, los helados.
– Los powerpoints, los words y los excel.
– Los amigos de la infancia, las cervezas y los chismes.
– Seguir tu pasión, la IA y la innovación.
-El futbol, las conversaciones de carros que nunca tendras y jugar los animalitos.
– Contar tu exito en formato de «Likes»
– El querer entender, el pensar, el preguntar, el comparar.
– Decir que ganas bien, que no necesitas mucho, que tienes suficiente.
– El odio y la envidia.
– El miedo.
– El perfeccionismo (es decir, el miedo).
– Una ortografía impecable (es decir, el miedo).
– No querer cagarla (es decir, el miedo).
– Pretender eliminar las carnes colgantes saltando la cuerda.
– Las preguntas incomprensibles que buscan retrasar la acción y las preguntas obvias que buscan respuestas cómodas.
– Los listados de libros que no leerás y de apps que no necesitas.
– No invertir en ti, no invertir, no arriesgar, no perder, no leer, descansar, desconectar, recargar las pilas.
– La salud es lo importante, pasar tiempo con los hijos, hay que ser feliz, no quieres ser el más rico del cementerio, un día te mueres.
– Repasar las facturas, hacer cola, no dejar propina, repartir la cuenta, no invitar, buscar la oferta, coleccionar puntos en cashea.
– Pensártelo, dejarlo para mañana, esperar a otra cosa.
– El pánico a la soledad.
Lo que te mantiene en la mierda lo sabes. No me digas que no lo sabes, porque lo sabes. Y tampoco me digas que no estás de acuerdo, que depende, que habrá excepciones. Di la verdad. Di que incomoda, que te arrecha. Que cuesta aceptar que tipos sin el diploma universitario pero el culo en la calle ganen cinco veces lo que quienes llevan una vida entrenando para envejecer mientras enseñan su diplomita.
Aceptar que llevas años remando en la dirección opuesta, cuesta.
Tener que decidirlo todo cada mañana, cuesta.
Ser responsable de cada fracaso, cuesta.
El rechazo, el conflicto y la pérdida, cuestan.
Pero no me vengas con pendejadas. Tienes una idea de lo que hay que hacer y, sobre todo, sabes perfectamente lo que no hay que hacer.