El amor te enseña cosas… Pero las putas te enseñan más.

Mira.

Un día me dio por enamorarme.

Ya sabes, esa paja mental donde piensas que vas a conquistar el mundo con alguien, que serán socios de todo: negocios, vida, sueños…

Sí, me creí la película.

Pensaba en proyectos, en ideas, en empezar algo grande juntos.

Hasta que un día me bajó de la nube con una sola frase:

“A mí ya me dieron un negocio hecho.”

Traducción: no pienso sudar contigo.

Y ahí entendí dos cosas:

– No todos están hechos para arremangarse.

– Yo estaba complicándome la vida como un idiota.

Porque el éxito no se trata de inventar.

Es repetir lo que funciona.

Y ahí es donde aparecen las putas.

Ellas no necesitan reinventarse.

No están para escribirte poemas ni para sorprenderte con giros inesperados.

Están para lo que están. Y lo hacen de forma impecable.

Una y otra vez.

Arriba y abajo

Adentro y afuera

Sin drama.

Sin adornos.

Sin falsas expectativas.

¿Frío? Sí.

¿Eficaz? Mucho

En los negocios pasa lo mismo.

Los que ganan no son los que “piensan diferente”.

Son los que encuentran una fórmula que da resultados y la repiten hasta el cansancio.

Sin dudas. Sin distracciones. Sin teatro.

Esa constancia —aburrida, poco sexy y cero inspiradora— es la que paga.

Es la que da libertad.

Y es la que separa a los que viven soñando de los que viven cobrando.

Así que deja de complicarte.

Aquí tienes algo que ya está armado.

Listo para usar.

Sin dramas de pareja.

Sin inventos raros.

Como las putas:

Frías en el sentimiento, perfectas en la ejecución.

El mejor negocio del mundo, destripado

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