Ya lo dijo Marco Aurelio:
¿Tú has visto cómo se comporta la gente en la barra libre y al aterrizar un avión? ¿Lo has visto o no? ¿Y cómo aporrean el teclado con dos dedos para contestar un email?
En un mundo así, explícame para que yo te entienda, ¿cómo es que te alteras cuando te cruzas con un huevón? ¿Pero qué esperabas? ¿Acaso no lo ves venir cada día, que es cuestión de tiempo que un inútil lo joda una vez más y que las cosas no salgan como esperabas?
¿Y acaso no te das cuenta de que esa es tu grandísima ventaja en este planeta?
¿De que cuando todos huyen del bitcoin, unos pocos tienen un descuento?
¿De que unos pocos venden en lo que otros tardan en responder?
¿De qué un puñado la mete con frecuencia por mantener la boca callada donde otros no son capaces de dejar de decir cosas que demuestran su inseguridad?
¿De que mientras la mayoría listan en su cabeza todos los motivos por los que fracasarán, tú, por el simple hecho de estar dispuesto a pasar por malos ratos, descubres que todo es mucho más fácil de lo que parecía y que la gente inaccesible es mucho más accesible de lo que todos creen?
¿De que donde otros negocian, perdonan y se arrastran unos pocos están generando oportunidades como almas que lleva el diablo por el mero hecho de mover el culo sin complejos?
¿De que dónde el resto hablan, hablan y hablan, tú puedes ir, escuchar, reflexionar, entender lo que la otra parte quiere, y limitarte a ofrecer exactamente eso y disfrutar de ver como todo fluye?
Todo eso, y más, dijo Marco Aurelio, en su obra Esto es lo que pienso mientras observo a la gente sentando en un banco de un centro comercial.
No lo dijo exactamente con esas palabras, sino con otras más bellas, pero no tengo ahora mismo el libro a la mano, así que repito según me acuerdo.
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