Te pego el titular de una noticia que me pasaron:
«Esperar a heredar, la única esperanza de algunos jóvenes para acceder a una vivienda propia»
Supongo que sabes cómo va la vaina.
Un agricultor y un ama de casa, originarios de un pueblo de Guárico, mandan a su hijo a estudiar a Caracas.
A estudiar lo que sea pero a estudiar, porque el único motivo por el que ellos no son millonarios es por no haber ido a la universidad.
Puedes imaginar la disonancia de la futura promesa al día siguiente de graduarse con otros 132.784 profesionales de la UCV, al ver que lo único que el mercado les ofrecía era ser empleado público a razón de 12$ por jornada.
Y así, tras analizar cuidadosamente sus posiblidades, llegó a la única conclusión lógica: en cuanto se mueran los papás, casa gratis.
Lógicamente no existe otra opción.
Dedicarse a lo que no has estudiado sería un fracaso…
Tener más de un trabajo debería estar prohibido…
Emprender en un negocio solo es posible si tus padres son millonarios…
Al extranjero no se puede ir, que allí no hay prestaciones sociales…
Invertir es fascista…
Trabajar de algo distinto a lo estudiado va en contra de los derechos humanos…
Ahorrar no, que por una cervecita no pasa nada, además, qué pasa si me muero mañana…
Estudiar algo útil no cambiaría nada porque la ley de la oferta y la demanda es un invento de la ultraderecha…
Y las criptomonedas son una estafa.
Por lo tanto, solo queda heredar. Obvio.
Y no les digas otra cosa que se arrechan.
El Viernes publicaré una lección en la que cuento cómo conseguir que te den lo que pidas.
Sin universidad y sin currículum. Sin escuchar preguntas como cuántos son o con qué clientes han trabajado.
Explicaré cómo construir tanta autoridad que te den las gracias por trabajar contigo.
Solo funciona si puedes pensar por ti mismo, si crees que el mundo te debe algo, entonces no.