El día de hoy me ha removido recuerdos y situaciones ladillas y te voy a contar algo que he pensado y lo he dicho a algunas personas pero reconozco que no soy tan elocuente como John Rohn.
Atiende:
He aquí el consejo…
Huye del 97 %
No hables como hablan, no actúes como actúan, no vayas a donde van, no te especialices en lo que se especializan.
Olvídate de la lista de los culpables a la que tanto se agarran.
Empieza una nueva vida.
Cambia de ritmo, cambia de idioma y cambia de ideas. Cambia de estrategia y empieza con un mínimo de disciplina, porque la menor de las disciplinas desencadena el cambio.
Invierte en eso a lo que llamamos disciplina y obtendrás eso a lo que llamamos milagro.
Y punto y se acabó. Excitado estoy. ¿Lo notas?
Tengo las bolas hinchadas –y esto te lo digo en confianza porque no soy de decir palabrotas– de los amigos de los demás.
De lo que tu amigo hace y dice. Del mensaje que te envió o del que te contestó. De su visión del dinero y de su opinión de tu decisión. Del mensaje pasivoagresivo cuando querías cambiar de trabajo y de que valora más el amor, la salud y el color de las mariposas que mover el culo y ganar plata.
También de los familiares y de la mayoría de los jefes. Gente más preocupada por arrastrar a los demás a su agujero negro de mediocridad que de salir de él.
La próxima semana vamos a hablar de reuniones de ventas. De cómo prepararlas y de cómo mantenerlas.
Y no va a gustar a los mediocres porque es lo opuesto a lo que llevan haciendo toda la vida.
Esto es fácil, si se lo cuentas a tus amigos, a tus jefes o a tu tío/padres/prima coja, y te dicen que eso no funcionaría, que te la estás jugando mucho, que es ofensivo… no necesitas más señales para salir corriendo.
Aunque en realidad, creo que ya no las necesitas.