La diferencia entre transmitir autoridad y dar vergüenza ajena

En uno de mis últimos emprendimientos, estoy intentando meter al mercado un producto difícil de entender pero imposible de ignorar.

Escuchaba a Antonio (uno de los tres vendedores que contraté) hablar con un posible cliente por teléfono. No llevaba buena racha.

Era el único que no había logrado vender nada y lo tenía en la mira.

Y de repente… bum. Llega al decisor, da con dolores y se produce una atractiva conversación. La cosa fluía, era imposible cagarla.

No sé si Antonio se cagó o se emocionó, pero tuvo que ser el cliente el que propuso buscar una fecha para que le enseñara el producto (dispositivo eléctrico).

«Un segundo, tengo que revisar que día tengo disponible.»

Tenía su cuaderno de notas justo en frente. Me pareció raro, pero bueno, la venta estaba hecha, qué más da.

El cliente propuso un día. Antonio dijo que no podía. El cuaderno estaba vacío.

El cliente propuso otro día. Antonio dijo que tampoco. Antonio debía tener compromisos secretos porque ese cuaderno estaba vacío y el maldito de Antonio llevaba casi un mes sin vender nada.

Otro día, tampoco. Otro, nada.

Al final Antonio propuso otro. El cliente dijo que no. Quedaron en llamarse. Ya sabes cómo acabó eso.

«Explícame lo que ha pasado porque no lo entiendo.»

«¿A qué te refieres?»

«¿Cómo es posible que no hayas coordinado ningún día?»

«Ah… eso. No quería parecer desesperado.»

Vergüenza ajena.

Grima.

Parecer imbécil.

Ser imbécil.

En unas horas explicaré de la diferencia entre provocar esos sentimientos y cerrar ventas.

Proyectar autoridad.

Confianza.

Seguridad.

Liderar.

Marcar el camino.

Entre ser el tipo de persona que creyendo demostrar una gran confianza produce unas ganas muy fuertes de ser abofeteado y alguien a quien seguirías al fin del mundo.

Entre el que cuenta sus conversaciones por ventas y el que las cuenta por cafés y conversaciones de pendejos.

Eso lo explicaré en unas horas a solo 10 personas.

Quién se apunte, en unas horas recibirá un proceso de 3 pasos que siguen los vendedores que trabajan conmigo, menos Antonio.

La diferencia entre ser autoritario y ser un imbécil:

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