Voy a contestar una pregunta universal. Una pregunta que, expresada de distinas formas, me llega varias veces a la semana. Se resumen en lo siguiente:
«Hago esto, hago aquello… pero no obtengo los resultados que me gustaría… ¿por qué?»
La respuesta también es univeral:
Si no obtienes los resultados que quieres es porque… atento a esto… no dices ni haces lo que gusta.
No hay más, no te arreches.
«Pero es que…»
Es que nada, no gustas.
Si no cobras más, si te negocian, si te maltratan, si te comparan, si te compran con menos frecuencia de la que te gustaría o tardan más en decidirse de lo que debieran…
Lo que haces, no gusta, al menos, en la medida que te gustaría que gustase.
Fácil de entender pero difícil de aceptar.
Por eso preguntas, por eso estás diciendo que eso no puede ser, que será otra cosa.
Pero no. Simplemente lo que haces no coincide con lo que gusta. No con lo que dicen que gusta, ojo. Con lo que gusta.
Gusta una cosa, tú haces otra.
¿Por qué? Porque no escuchas.
No te quejes ni pongas un pero. Es eso y nada más que eso: no escuchas. Oyes, pero no escuchas. Ni observas, no lo suficiente.
Vas a tu peo.
Haciendo lo que te pide el cuerpo, lo que te provoca, lo que te divierte, lo que te piden o lo que te gustaría que te pidiesen.
Sin forzar, sin insistir, sin repetir y sin perseverar, no se vaya a dañar tu ego. Esquivando el conflicto, huyendo de la vergüenza y escondiéndote de la incomodidad.
Tómatelo como quieras, pero no hay más.
Lo que haces, no gusta.
Porque no haces cosas como las que te cuento aquí.