Te voy a contar el mejor truco de mi vida.
No es exótico ni es ingenioso. No es fascinante ni inteligente. No da para conversación y da justo para un email.
Pero funciona de pinga…
Y es darle vuelta a cada piedra que encuentras por el camino. Y a las que están en el borde. Y a las que están a cinco metros y a algunas de las que andan entre el monte.
A todas. Hasta encontrar la que cubre un pedazo de oro.
Porque no necesitas muchos aciertos para llegar. Lo que necesitas es que sean eso, aciertos.
Y si investigas mil y aciertas cuatro a nadie le importarán las mil que no fueron. Y por eso me hierve la sangre cada vez que escucho:
«Estoy bien como estoy»
«La próxima lo miro»
«En este momento no me interesa»
Porque a menos que tengas rayos X en los ojos o puedas leer el maldito futuro, no tienes ni puta idea de cómo de bien o mal estás.
Y en mi maldita vida no ha habido más de CUATRO decisiones y CINCO personas que realmente hayan significado un punto de inflexión, pero nunca las hubiera encontrado si hubiera dejado de mirar, de presentarme, de investigar o de hablar con cualquiera de las cien mil anteriores que vinieron.
Y me atrevería a decir el anuncio que explicaré en la lección del sábado está muy cerca de ser una de ellas, porque más que un anuncio es un doctorado que exprime varias palancas psicológicas con las que consigue desmontar las articulaciones de quien lo lee.
Pero solo sabrás si soy un maldito mentiroso o lo que digo es cierto si investigas esta oportunidad y te apuntas antes del viernes: