Acabo de ir a la nevera por un delicioso batido de proteínas que ayude a mantener mis hercúleos músculos y solo quedaba uno.
¿Qué hubieras hecho tú? Es decir, suponiendo que tuvieras esta masa muscular. Te lo digo, decir, «Uf, el último, me lo guardo para mañana.»
¿Que he hecho hoy? Me lo he tomado más rápido de lo normal.
Y lo mismo haría con los últimos interiores limpios después de vagar una semana por Canaima. Ponermelos en cuanto me diera la gana.
Nada de racionar, nada de posponer.
El último pedazo de chocolate, la última prenda limpia, el último dólar, la última raya de batería.
Echarle candela, y rápidito.
Es algo que retomé y ahora llevo a cada aspecto de mi vida, a cada decisión.
Cada reunión, cada llamada. Cada respuesta a cada email y cada «no».
Llamar al amigo no ves desde hace siglos o visitar a ese familiar que no te importa.
Por eso este año hago siete veces más cosas que la mayoría, y llegaré siete veces más lejos. Porque mientras el resto sopesan cada decisión durante una semana yo actúo al momento.
Y cada persona, cada compra, cada gasto y cada inversión. O rechazo para siempre o compro inmediatamente.
Las buenas noticias es que estás a tiempo de corregir esa vida a cámara lenta que llevas, que parece vives dentro de una foto finish.
El mejor negocio del mundo, destripado
PD.: Este curso desaparece para siempre el 30 de septiembre, y cuando te digo para siempre es en serio, ya sabes que si lo digo lo cumplo.