Ayer pasé por una zona que, hace años, estaba llena de vida. Gente entrando y saliendo de las tiendas, ruido, ventas, movimiento.
Hoy… es casi un museo. Las mismas tiendas, las mismas calles. Vacías.
Pero, eso sí: cada local decorado para Jalowin. Auyamas pintadas, brujas, telarañas (naturales, porque ni el polvo se mueve ya en esos sitios).
Por la noche, entro a Instagram, y ahí está: publicidades «de miedo,» ofertas «que te dejan temblando.»
Jalowin esto, Jalowin aquello. Los de “marketing” inspiradísimos, haciendo sus mejores dibujitos en Canva y bajándose los pantalones a los tobillos.
Y aquí va la joya.
Te doy el truco.
Estas ofertas de «miedo» no asustan a nadie porque no le muestran al cliente lo que pierde. No le dibujan la pérdida. No le dan un buen coñazo en el estómago de lo que se queda sin tener.
Porque el miedo sin consecuencias reales no funciona.
¿Quieres que alguien se asuste de verdad? Muéstrale qué va a perder. Que sienta la falta de esa comodidad, esa ventaja, o ese pequeño placer que sólo tú puedes darle.
Si no puede ver lo que pierde, no se mueve.
Te digo más: asegúrate de que estás vendiendo en un sitio donde hay dinero. Que tu oferta no sea como esos locales decorados pero vacíos, de los que sólo se escucha el eco.
Para que veas que soy más bueno que el coño no solo te doy el truco.
Aquí tienes el dulce.
Crea un discurso de marca propio. No vendas “miedo” si asustas menos que una manada de gatitos. No seas el que da descuentos “terroríficos” sin que a nadie le importe.
Te regalo un boletín que te enseñará a construir un mensaje que vaya directo al grano, que hable con quienes tienen la billetera y las ganas de abrirla.
P.D. Las auyamas, si te gustan, para hacer sopa. Tu negocio, para hacer dinero. Que el miedo sea perderse tu oferta, y no tú perdiendo clientes.