Me da mucha risa la gente que me escribe y me habla en plural:
¿Me pueden enviar la factura?
Disculpen, no me llegan los emails.
Y cosas así.
Obviamente no les contesto, pero me hacen reír igualmente. O que directamente dicen: «Equipo de Ygor…»
Da igual cuanto lo diga, es imposible de creer.
Es el poder del email y de la repetición. Y de vender sin miedo ni servilismo, sin ceremonias, respetando el dinero y confiando plenamente en lo que haces.
Da igual que vendas tornillos, casas o erizos de mar, cuando vendes así todo se hace más grande, más grande, más intenso, y la sensación de que estoy aquí, todo el día enredado, pensando en ti, es inevitable.
No solo llegas a más gente, está verga revienta infinitamente más terminaciones nerviosas que la del fulano que pasa el día corriendo emadurnado en vaselina con los pantalones por los tobillos.
Y sin embargo, ya ves, aquí estoy.
Yo y ya.
Y no volveré a pensar en ti en todo el día.
¿Decepcionante? ¿Dolido? ¿Te has puesto triste?
Existe un material que hace que las personas que lo escuchan ya no me habla en plural porque entiende el potencial de esta forma de hacer las cosas, que es la única aceptable.
A menos que te gusten los latigazos, quiero decir.
Si tú también quieres formar parte del club de la gente que vende sin llorar y saber cuáles son esas 27 preguntas y sus 27 respuestas, empieza leyendo eso, que ahí lo explico todo: