Causo ataques de ansiedad

A menudo me acusan de ser insensible, de decir cosas que duelen. Me comentan que no hablo mucho pero cuando lo hago son cosas difícil de escuchar (te juro que trato de contenerme)

Por ejemplo cuando digo que publicas en redes sociales para evitar cosas más importantes que te resultan incómodas, como llamar o salir a la calle.

O que no necesitas investigar a un cliente potencial antes de llamarlo.

Ni dar las gracias, disculparte o pedir las cosas por favor.

O que es imposible vender escribiendo si no has pasado horas siendo rechazado de todas las formas.

O que… o que… o que… en fin, ya sabes las cosas que digo cada día.

Incluso los hay que no me quieren ver la cara por el estrés que les provoca escucharme.

Vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver. Que nos estamos enredando.

Que quede clara una cosa…

Lo que te digo no es incomodo.

La prueba es que a quien pasa el día llamando a clientes, o barriga con barriga con ellos, o diciendo precios altos sin excusas ni largas explicaciones, o negando la entrega de propuestas, a quien hace esas cosas, nada de lo que digo le parece incómodo.

Entonces…

Lo que te hace sentir mal no soy yo ni lo que digo.

Sino las cagadas que haces.

Lo que digo simplemente te lo recuerda.

Y me deberías dar las gracias por eso.

Es más, me deberías pagar por ser la mosca ladilla que no para de recordarte que el camino hacia el destino que quieres está ahí, delante de tí, esperando a que lo recorras.

El lunes hablaré de cómo hacer que cada venta te traiga más. Que se convierta en una reacción en cadena imparable.

Que, prácticamente, una vez hayas hecho una venta, ya estés haciendo las tres, cuatro o diez siguientes.

Imagina. Aplicando el mismo esfuerzo que ahora, vender varias veces. No me parece mal trato.

Publico el lunes. Solo recibes si te apuntas antes del domingo a las 23:59.

Aquí.

«La cueva a la que temes entrar contiene el tesoro que buscas»

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