Mira.
Te voy a contar algo, que te puede ayudar mucho a comunicarte, lograr tus objetivos y no poner la cagada.
Primero, te cuento.
Hace unos días recibí un email (no me lo contaron) sobre alguien que lo primero que hizo, fue decir lo mal que yo le caía antes.
O sea, me contaba, al menos durante la primera mitad de su escrito, lo extremadamente imbécil que yo le parecía antes de comprarme un libro, que entonces, le empecé a caer muy bien.
¿Algún problema?
Ningún problema.
No me preocupa.
Ni me afecta la crítica ni me debilita el halago.
Yo estoy aquí para trabajar.
Cada día.
Y para esforzarme al máximo.
¿Qué sentido tiene la vida si no te esfuerzas?
Los flojos me causan rechazo y yo no quiero rechazarme, quiero quererme.
Por eso me esfuerzo.
Me esfuerzo porque me quiero.
Es simple.
Pero vamos a lo que a ti te interesa.
Ese email es una muy mala manera de empezar.
La primera mitad la utilizas para decirle a alguien que es un imbécil, aunque luego lo arregles… puede que antes de llegar al final, te haya mandado al carajo a ti y a tú sinceridad».
¿Qué es más efectivo?
Decir lo mismo, pero sabiendo decirlo.
Sabiendo utilizar las palabras.
Puedes empezar diciendo lo que te gusta algo de alguien y mostrarte sorprendido de que al pincipio, no fuera así.
Quiero decir, el orden de las palabras SÍ altera el mensaje.
Repito.
El orden de las palabras SÍ altera el mensaje.
¿Sabes la razón por la cual desde el primer día que decidí vender mis servicios de redactor cobraba más que cualquiera que hiciera lo mismo y sin tener que mostrar ningún diploma?
Primero, porque tenía más hambre que ninguno y no tenía nada que perder.
Segundo, porque sabía escribir y enviar presupuestos absurdamente persuasivos.
Era casi imposible no querer contratarme una vez los recibías.
A lo de los presupuestos, te enseño yo.
El hambre debe ser tuya.
PD: Arriba el link (en azul).