Cómo me enamoré

Siempre me han gustado las cosas raras.

No raras como los platillos voladores o los fantasmas, no. Raras como mirar una mesa y pensar: «Esto podría ser una metáfora de la vida»

Sí, ese nivel de pendejo.

Pasé casi todos mis veinte pensando como un huevón.

Me gustaba escribir y pensaba en pendejadas filosóficas sobre objetos inanimados. Típico de arquitectos sin trabajo…

«Esto representa el peso del ser humano ante la sociedad»

Lo peor es que por momentos me lo creía.

Pero incluso tenía sueños húmedos con escribir ensayos y artículos sobre temas espinosos de filosofía que nadie entendería ni leería.

(Todos hemos tenido épocas malas, qué pasa)

Pero siendo sinceros, era todo romántico.

En mi cabeza veía muy difícil cómo ganarme la vida de esa forma.

¿Quién vería mi trabajo, cómo viviría de eso, qué porcentaje de éxito podría tener?

A todo el mundo que le gusta escribir (escribir de verdad) o cualquier arte sueña y piensa en ganar premios y dinero con eso.

Lo que pasa es que los premios en esos ámbitos son algunos aplausos y palmadita en la espalda o algún reconocimiento gremial.

(Aunque lo tengo y no lo ve ni le interesa a nadie)

Mierda.

Además, no me gustaba la idea de escribir sin un fin. Escribir un, no sé, ensayo sobre por qué blablaba y que no lo lea nadie no me motivaba y aparte no veía claro el propósito.

Llámame práctico si me odias, pero tengo que hacer las cosas con un propósito, con una meta.

Pasó el tiempo, hice esto y aquello, me enamoré y me choqué con una pared, luego me desquite con otros y el mundo volvió a su equilibrió cuando finalmente descubrí el copywriting.

Mismo sistema: hoja en blanco y computadora.

Misma maquinaria: mis dedos.

Mismo esfuerzo: prácticamente.

Pero podía escribir algo y que ese algo inmediatamente pusiera dinero en tu bolsillo.

Llámame inteligente si es que me odias pero eso sí me gustaba.

Eso sí me la ponía dura.

Podía crear dinero del aire porque de esta manera estaba literalmente a un anuncio de distancia de conseguir mucho más dinero del que tenía.

El copywriting es de pinga.

Alquimia pura.

Ilusionismo verbal.

Porque…

Si sabes decir las palabras adecuadas a la persona correcta, puedes conseguir lo que quieras.

Siempre ha sido así y siempre lo será.

Que pendejo que no lo vi antes.

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