Hace unos años pausé muchas cosas.
Proyectos, ideas, incluso relaciones.
No porque no quisiera seguir.
Sino porque no me sentía capaz de desatar ciertos nudos.
Hay momentos en los que la vida se vuelve tan enredada que uno elige quedarse quieto o abandonar.
No por flojera, sino por miedo a joder algo si corta el hilo equivocado.
Durante mucho tiempo pensé que esa quietud era derrota.
Hasta que entendí que no lo era.
Era preparación.
Fíjate cómo, cuando empezamos el camino a mejorar algo, lo primero que sentimos es lo opuesto a lo que queremos conseguir.
Si te sientes inútil, significa que te estás rodeando de personas que te harán crecer intelectualmente.
Si te sientes idiota, es que estás aprendiendo habilidades que multiplicarán tu valor.
Si te sientes un pelabolas, es porque has empezado a descubrir lo que puedes conseguir.
Si te sientes estúpido, has empezado a aprender.
Si te sientes débil, entonces seguro que has empezado a ponerte más fuerte.
Y del mismo modo.
Cuando sientas que estás perdido, que no hay salida y que todo es imposible, significará que has empezado la batalla que te llevará a la victoria.
Hoy creo que puedo desatar esos nudos.
No porque sea más fuerte ni más inteligente.
Sino porque ya no me asusta sentirme mal mientras avanzo.
Lo más duro de crecer, es reconocer que necesitas hacerlo.
Y por eso, si te sientes seguro, confiado, que lo tienes todo bajo control, que te va bien y no necesitas más…
Estás estancado.
Así de simple.
La incomodidad no es el precio del crecimiento.
Es la prueba de que lo estás haciendo bien.
¿Sí o no?
Bueno te dejo esa y la cajita para que te suscribas…