¿Cuál es el mensaje más impactante que le puedes dar a alguien?
Decirle que la amas.
¿Qué puedes hacer si todavía lo quieres hacer más impactante?
Decirlo junto a un ramo de rosas.
¿Más?
Con fuegos artificiales.
¿Más?
…
¿Más?
¿Máaaaas?
Decirlo en un pedazo de papel escrito de tu puño y letra. Una carta que ha sido tocada por ti, con una palabras cuidadosamente seleccionadas y colocadas con precisión sobre una superficie que permite que su receptor las procese en la mayor de las intimidades.
Me da igual si quieres enamorar, vender (o venderte) o conocer a alguien.
Lo he dicho mil veces y te lo repito: el número de veces que tengas que repetir tu mensaje hasta convencer a alguien dependerá de lo memorable que sea cada uno de tus impactos.
Me da igual si vendes tornillos o casas, si eres contador o si haces algo divertido. Si eres abogado o normal. Si tienes una fábrica de bujías o vendes cuadros.
Envía a tu cliente o amante unas cuantas fibras de celusosa prensadas, garabatéalas con tinta, olvida tu discurso empresarial con tu logo y no incluyas la foto de tus oficinas, y si algo te puedo asegurar es que después de hacer eso vivirás dentro de su cabeza sin pagar alquiler durante una larga temporada.
Eso es lo que enseñaré en la lección del lunes: cómo escribir una carta de papel vendedora.
Y no será la última lección de este tema, habrá varias. Así que te interesa apuntarte cuanto antes para no perderte ninguna y convertirte en un as de la tinta y el papel.
Paz y amor (electrónicamente por ahora).