El trabajo es un castigo. Salvo si no eres un cobarde, claro.

El fin de semana suele ser para muchos una esperanza.

La esperanza de que algo se produzca en la vida. De que algo venga a romper el aburrimiento, por ejemplo. De que alguien nos venga a salvar la vida con una palabra, de que conozcamos una persona maravillosa. De que suceda alguna cosa que produzca un cambio en nuestra vida.

Después de todo, la única manera de combatir al aburrimiento es con modificaciones.

Y el domingo en la tarde sucede lo mismo que en las fiestas cuando son las 5 de la mañana, que uno se da cuenta de que ha esperado en vano, que no ha ocurrido nada extraordinario, que no han venido personas a salvarnos la vida ni hemos conocido mujeres maravillosas. Y entonces tiene sabor a desengaño.

También puede ser un síntoma de que la mayoría de las personas odian su trabajo, entonces quieren que termine como si se tratara, y creo que se trata, de un castigo. El trabajo es un castigo. Salvo para aquellos privilegiados que lo aman, que han conseguido lo que una de cada cien personas, que es conseguir que les paguen algún dinero por aquello que gustosamente harían gratis.

Yo estoy entre esos privilegiados, jamás he sentido angustia el domingo a la tarde y por el contrario deseo que llegue el momento de trabajar.

Pero no tengo derecho a convertir mi privilegio en una perceptiva general.

Qué quieres que te diga. Alejandro Dolina es un genio. Esas palabras son suyas.

Solo se equivoca en una cosa. Es normal, ocurre cuando tienes talento.

No te crees con el derecho a convertir tu situación en algo de lo que todo el mundo debería disfrutar.

Algo egoísta si me preguntas. Pero normal, como te decía.

Yo no tengo ningún talento. Nunca lo he tenido. Pero quería esa vida. Una vida en la que el lunes fuera buena noticia. Así que ese discurso de que no todos pueden conseguirlo no me servía.

Tuve que autoengañarme, pensar que nadie había dicho eso jamás.

Y aprender a vender, a vivir y a olvidar.

Hoy pude hacer ese discurso mío (salvo por la última frase) porque estoy terminando el nuevo libro-curso y no quiero que se me escape inspiración en mis correos diarios.

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