Te desensibilizas, del sexo. Si lo haces con mucha gente. Que pierdes la capacidad de conectar emocionalmente, dicen.
Los niños de la guerra pierden el malestar por matar.
Y los atletas de maratón pierden la sensibilidad en pies y articulaciones.
Cualquier cosa que manoseas, se desgasta. A menudo lo pierdes sin darte cuenta de que ahí había algo de valor.
Como la creatividad de cuando eras niño, o la capacidad de insistir hasta conseguir tu objetivo. O la libertad.
Has pasado años regalándosela a cualquiera que te la ha pedido, y ha desaparecido.
Todo porque preferiste caer bien a vivir bien.
Concediste la reunión que no servía para nada, ayudaste a la persona que no se podía ayudar y aceptaste ese trabajo o cliente para salir adelante. Te dijiste que era temporal, la última vez, que en cuanto estuvieras en un lugar seguro cambiarías.
Pero después de años haciéndolo olvidaste que un día fuiste creativo, luchador y libre. Seguiste eligiendo evitar el conflicto y la incertidumbre. Y donde debías decir que no, dijiste que sí. Una vez, diez veces, mil veces.
Creíste tan poco en ti mismo que consideraste que prostituirte era imprescindible para sobrevivir.
Cambiaste la capacidad de divertirte por pagar una factura.
Ahora, en lugar de fuerte, libre y creativo eres madrugador, obediente, rellenas planillas y bajas la cabeza.
El peor trato de la historia si me preguntas.
Eres el niño de la guerra que no siente nada al matar. Lo único que lo que tu matas es tu vida.
El lunes resetearé tu mente.
Tatuaré en tu cerebro que puedes ser más libre y te acordarás de mí cada vez que alguien venga a robarte un pedacito de libertad.
Reciben quienes entren antes de las 23:59.
Si tienes dudas no te apuntes, porque no las contesto: