Me preguntan mucho. Y cuando digo mucho, es demasiado.
– ¿Cuál es la mejor secuencia de bienvenida?
– ¿Qué funnel usas?
– ¿Me recomiendas tal herramienta?
Y mi respuesta, aunque no la diga siempre en voz alta, siempre es la misma: deja de perder el tiempo maldito flojo.
Te lo digo en serio. Estás dejando que huevones de internet te coman el cerebro. Que si los clics, que si el CRM perfecto, que si el botón mágico.
Pero, ¿sabes qué?
El dinero no está ahí.
No está en las flechas de un esquema, ni en los tutoriales inmamables, ni en esas herramientas que prometen hacerlo todo por ti mientras tú no haces nada.
El dinero, el impacto, lo que sea que busques, está en las personas.
Y aquí va algo que, aunque suene arrogante, creo profundamente:
Cada vez que interactúo con alguien, estoy seguro de que dejo algo.
Bueno o malo, no importa. Pero algo que no pasa desapercibido.
Porque no soy perfecto, ni quiero serlo. Pero lo que sí soy es auténtico.
Lo que te digo, lo digo en serio. Con intención. Para bien o para mal, siempre es de verdad.
Y la gente recuerda eso. Lo bueno y lo malo. Porque no importa si fui amable, brusco, gracioso o insoportable. Lo importante es que fui real.
Ahora, si estás leyendo esto, probablemente alguna vez cruzaste palabras conmigo.
Tal vez nos conocimos. Tal vez alguien que me conoció te habló de mí.
Y si sigues aquí, no es porque yo sea el más inteligente, el más bonito o el más carismático.
Es porque algo de lo que dije, algo de lo que hice, resonó contigo.
Por eso te lo digo:
No pierdas el tiempo buscando la herramienta perfecta o las palabras ideales.
Habla con la gente. Escucha. Sé real. Sé auténtico.
Eso es lo único que importa.
Si quieres aprender más sobre cómo convertir esas interacciones en algo que realmente marque la diferencia, aquí tienes algo que puede interesarte:
PD: Hoy es el último día que hablaré de ésto. Si no te interesa, perfecto. Pero si decides seguir pensando en pajaritos preñados, dentro de seis meses seguirás haciendo las mismas preguntas pendejas.