¿Puedes triunfar si no te gusta el tomate?
¿El queso? ¿Las verduras?
Por poder, puedes, pero es muy jodido. O si ocultas los sabores a base de sal o especias o azúcar o ketchup.
¿Y si eres incapaz de salir de la casa sin un rociado de colonia?
Imposible no es, pero las probabilidades no juega a tu favor.
¿O si no te sirve cualquier restaurante? ¿O si miras el celular cada tres minutos? ¿Si viajas con maleta, seis pares de interiores y un neceser que supera al número de posesiones de tus abuelos?
Complicado.
¿Puedes triunfar, en definitiva, si lo que el confort dirige tu vida?
Y es que de eso va la vaina, de no tener obstáculos. De que lo incómodo o lo que molesta no sea un freno. Ni siquiera lo que ofende.
Porque tú quieres ganar por fuerza, y eso está bien. Pero no seas pendejo y diséñate, además, un camino sin obstáculos.
Y la primera forma de conseguirlo es que poco te arreche. La segunda es que si algo lo hace, no te frene.
Pero no te equivoques, lo segundo no es una alternativa a lo primero.
Si tienes un paladar infantil y comes papas de bolsa. O si eres un raro incapaz de dormir si no hay cortinas. Si te preocupa lo que dicen los demás, o peor, lo que puedan decir…
Jodido, jodido, jodido.
¿Imposible?
No, pero complicado.
Te recomiendo un curso…
27 preguntas que todo vendedor debería saber.
Las respuestas a algunas de esas preguntas son incómodas. Por ejemplo:
Minuto 0:45:24, ¿Con qué frecuencia hago seguimiento?.
O
Minuto: 1:14:00, ¿Qué hago si el cliente me pide una propuesta?
Muy incómoda. Te pongo otro ejemplo:
Minuto 1:50:09, ¿Cómo le subo las tarifas a un cliente al que cobro poco?
Más incómoda aún.
Y así hasta 27.
Pocos conocen la respuesta a esas preguntas y de los que las conocen, pocos se atreven a ponerlas en práctica.
Y por eso funcionan tan bien.