La pulsera en el tobillo

Hace unos años conocí a una chica.

Simpática, sencilla, nada extravagante. Pero había algo en ella que se quedaba. No sé que era pero hacía que me importara demasiado y eso es muy malo.

Pasó el tiempo, la vi otra vez. Pero había algo diferente.

Una pulsera en su tobillo.

¿Qué pasa aquí? ¿Por qué ahora?

Mi cabeza empezó a maquinar. Pensé demasiado, mucho, sobre algo tan insignificante. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes? ¿Para quien la usa?

No lo entendí. Y me quedé pensando, dando vueltas sobre eso. ¿Qué significaba? ¿Qué había cambiado?

El tiempo siguió su curso. Unos meses después, estaba en Margarita, en un club de playa. Mis primas, varias amigas. Y vi a otra chica.

La misma pulsera. En el tobillo.

Ahí se me hizo claro. No podía quedarme con la duda, esta vez no. Me acerqué y le solté:

¿Para qué es esa pulsera en el tobillo?

Ella sonrió. Y me dijo: “¿Quieres verla de cerca?”

¿Quieres verla de cerca?

La respuesta no podía ser más directa. Al final del día me la puso frente a los ojos. Durante varios minutos. No tuve que hacer nada raro. No me agaché ni di rodeos. Fue todo claro. Sin misterio.

Una simple pregunta me dio acceso a la pulsera y a todo lo que venía con ella

Y entonces lo entendí.

La diferencia entre quedarte pensando en mil opciones o actuar en el momento adecuado está en que no te debe importar nada. Preguntar. Actuar. Y dejar de sobrepensar.

La lección aquí: no te quedes ahí, mirando el detalle, buscando historias donde no las hay. A veces las respuestas están en lo que ves. Otras veces, en lo que preguntas. Y lo que importa no es lo que ves, sino lo que haces con eso.

PD: No todas las pulseras en el tobillo significan lo mismo. Y no siempre vas a recibir la misma respuesta. Pero ahí está la clave: ¿de qué te sirve ver los detalles si no sabes qué hacer con ellos?

¿Quieres ver de cerca?

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