Las condiciones del ojo por ojo

Muchos entendieron mal lo del experimento.

No era una invitación a la venganza.

Ni un curso de defensa personal.

Ni un alegato de “sé cabrón o muere”.

Era una radiografía del miedo.

Porque el “ojo por ojo” solo funciona si sabes mirar antes de pegar.

Y eso casi nadie lo hace.

Primera regla: nunca traiciones primero.

No por nobleza.

Por inteligencia.

El que traiciona de entrada demuestra ansiedad.

Y la ansiedad huele a derrota.

A debilidad.

A “por favor, no me jodan”.

El que confía primero arriesga más, sí.

Pero también marca el terreno.

Y eso vale más que un golpe bien dado.

Segunda: no seas pusilánime.

No confundas la calma con cobardía.

Si alguien cruza la línea, le haces saber que la viste.

No con indirectas, ni discursos, ni sarcasmo.

Con un gesto.

Una palabra.

Una decisión.

El que se queda callado por miedo a “parecer intenso”, ya perdió el respeto de todos, empezando por el suyo.

Tercera: ser indulgente.

Sí, hay que saber perdonar.

Pero no porque seas un pan de dios.

Sino porque no todo error es una traición.

A veces el otro solo es torpe, está cansado o con hambre.

Si respondes a todo como un loco, acabas solo.

La indulgencia no es ternura.

Es dominio.

Y la cuarta: ser transparente.

Nada de misterios.

Nada de “voy a esperar a que se dé cuenta solo”.

No, no se va a dar cuenta.

Dilo.

“Si me das, te doy. Si me jodes, te jodo.”

Así, sin diplomacia.

La gente necesita saber con quién trata.

Y si eso les incomoda, mejor.

El “ojo por ojo” no lo gana el más duro.

Lo gana el que podría devolver el golpe… pero no necesita hacerlo.

Porque ya todos saben que puede.

PD: En los próximos correos voy a destripar cada una de estas cuatro reglas. Cómo se aplican para escribir, para vender y para no vivir como un idiota que se traga las palabras por miedo a incomodar.

Si no estás suscrito, hazlo ahora.

Porque lo que viene no es teoría

© Copyright 2024 – Todos los derechos reservados, Estimulante C.A.