«No confundas estar en movimiento con estar consiguiendo algo.» —Jim Rohn.
En un capítulo de Los Simpsons, Homero, come un pez envenenado y su médico le da 24 horas de vida.
Entonces Homero escribe una larga bucket list.
Por si en tu colegio no te dieron una educación adecuada (no te preocupes, a mí tampoco), una bucket list es una lista de deseos que cumplir antes de morir.
Uno de esos deseos es pasar algún tiempo con su papá.
Cuando se encuentra con él se deja llevar y se pone a hacer todo lo que no había hecho de niño.
A medida de que pasa el tiempo se da cuenta de que no va a poder completar el bucket list y va tachando elementos.
Cosas que acepta que no hará nunca.
Es decir, lo mismo que les ocurre al 99 % de las empresas.
Que hacen un listado de cada maldita cosa que se puede hacer en el universo a nivel de marketing, publicidad o ventas pero al final solo hacen una o dos.
Solo que en este caso nunca suelen ser las más acertadas.
Tienen una incapacidad total para priorizar con criterio.
Lo sé bien porque me ha pasado.
Ocurre porque no tienes ni idea de qué funciona y qué es una pérdida de tiempo.
Pero también sé bien que si superas esa etapa llega un momento en el que con 3 o 4 acciones consigues más resultados de los que al principio conseguías con 300.000.
Digo que lo sé bien porque vendo más ahora que hace 3 años, cuando me chupaba el dedo.
Eso pasa porque ya no tengo que experimentar.
Sé lo que funciona y lo que no. (o tengo una idea algo clara)
Hay dos formas de conseguir eso:
La primera es pasar años probándolo todo.
La segunda es ahorrar años haciendo lo que hacen otros. Especialmente si es alguien que lo hace todo bien:
El mejor negocio del mundo, destripado.
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