Lo que aprendí de la carta más patética que escribí

Te voy a contar algo que no me deja bien parado. Pero no me importa, porque de los errores también se aprende.

Hace años, escribí una carta.

No fue cualquier carta.

Fue manuscrita.

En papel.

Con mi letra molde, que parece un jeroglífico egipcio.

La escribí pensando que iba a reconquistar a una chica que me dejó.

Spoiler: no funcionó.

Si esa carta aún vive en su memoria, será para reírse o para asegurarse de que nunca más alguien tan patético se le acerque.

¿Por qué fracasé?

Porque hice lo que hace la mayoría: escribir pensando en mí.

Mis sentimientos, mis dramas, mi vida.

Y aquí va una verdad que, si no la entiendes, estás jodido:

A nadie le importa tu vida.

Les importa la suya.

Por eso, esa carta no movió ni una fibra en ella. Porque mientras yo intentaba “venderle” mi sufrimiento, ella tenía cosas más importantes en qué pensar.

Eso es lo que pasa también con las cartas que envías a clientes o a cualquier persona que quieras persuadir:

Si escribes pensando en ti, lo único que conseguirás es que te ignoren. O peor, que se acuerden de ti… pero no por las razones correctas.

El lunes te voy a enseñar a hacer todo lo contrario.

Te voy a mostrar cómo escribir cartas que importen. Que conecten. Que no solo se lean, sino que se recuerden.

No importa si tu letra parece hecha por un mono con Parkinson.

No importa si nunca has escrito una carta en tu vida.

Voy a darte las claves para que tus palabras abran puertas y cierren tratos.

¿Quieres aprender o prefieres seguir escribiendo cosas que terminan en la basura?

Apúntate aquí.

Y si no lo haces, no pasa nada. Seguirás siendo uno más que escribe para sí mismo.

    © Copyright 2024 – Todos los derechos reservados, Estimulante C.A.