«Las tres adicciones más peligrosas son la heroína, los carbohidratos y un salario.»
«Karl Marx, un visionario, se dio cuenta de que puedes controlar a un esclavo mucho mejor convenciéndole de que es un empleado.»
«No hables de “progreso” en términos de longevidad, seguridad o confort antes de comparar la vida de los animales de zoológico con la de aquellos en libertad.»
—Nassim Nicholas Taleb
Hoy escribo para aprovechar el momento y sanear la lista de emails.
Alguien me ha escrito para decirme que ya tiene la vida resuelta, que tiene un trabajo en una buena empresa.
Mi cerebro ha colapsado con dentera. ¿Vida resuelta o empleado?
Me ha llevado horas entender que para alguien tener un trabajo en una empresa es equivalente a tener la vida resuelta.
También me pedía que le diera una razón para comprar alguno de mis productos y para qué hacerlo si estaba en Venezuela.
¿Te parece poca razón considerar que ser un empleado es tener la vida resuelta?
De ser el tipo de persona que contesta a huevones hubiera contestado esto.
Sabía que la pérdida de cabeza era grande.
La pandemia me demostró que el poder de adoctrinamiento es infinito. Y creo en el poder de la repetición, coño, claro que si creo.
Pero ni en mis más turbias pesadillas hubiera imaginado que la débil promesa de años de rutina y un sueldo fuese suficiente para reeducar a alguien hasta el punto de que asuma que una vida predecible es a lo que nos referimos los demás cuando hablamos de vida resuelta.
Y esto no trata de dinero ni de emprendimiento, no te compliques. Solo los pobres y los incompetentes creen eso.
Vida resuelta es tener los recursos para sobrevivir en cualquier circunstancia sin los favores de un tercero.
Puedes trabajar para otro, pero sin la más mínima duda que el día que te pires te espera algo mejor.
Eso, y no otra cosa, es vida resuelta.
Depender de un contrato, de una promesa, de una nómina, de un cliente, de un proveedor, de un empleado o un empleador es lo opuesto a tener la vida resuelta.
Y mucho menos de un gobierno, de una oposición, de unas elecciones, de una protesta, de un llanto o de una alegría.
No diferente, no alejado. Opuesto.
Hoy lo tengo claro.
Si tras leer esto todavía necesitas razones para aprender a vender mejor, mi consejo sincero es que te salgas de esta lista y nunca me compres nada.
Si por el contrario esto que escribo te parecía obvio seguro lo que se viene te gustará mucho más.