Ayer me escribió un comprador de uno de mis últimos cursos. Preguntaba que si hizo bien en mandar al carajo a un cliente potencial.
Un tipo, este cliente, que le pide hablar un fin de semana…
Que el día de antes le confirma la hora de la cita…
Que 15 minutos antes de la cita le dice que mejor se ven más tarde…
…porque está desayunando.
«No soy tu puta, tú verás.»
En resumidas cuentas, esa fue la respuesta.
¿Qué hubieran hecho la mayoría? (¿Quizás tú?)
No pasa nada…
A sus pies querido cliente…
Un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo…
¿Qué hubiera pasado después?
Preguntas absurdas, peticiones abusivas, rebajas, negociaciones, meses de mareo, «Estoy mirando otras opciones» y tras meses así…
Desaparición y silencio.
Y luego lloros.
Y ooooohhh oooohhh oohhhh había muy buen feeling.
No entiendo qué ha pasado, estaba muy interesado.
Me dijo que le gustaba mucho.
Hice todo lo que me pidió…
(Esto pasa en todo tipo de relaciones)
¿Qué pasó en esta ocasión?
Pim-pam-pum y venta cerrada prácticamente al momento. Hablamos de no pocos miles de dólares.
Pero escucha, tú a lo tuyo.
Diciéndote que no eres un vendedor, que eres asesor…
Que tal o cual cosa no funcionaría contigo…
Y confundiendo amabilidad con pleitesía…
Mientras tanto, yo, y otros muchos, atenderemos a nuestros clientes con todo el amor del mundo, pero con una pequeña diferencia…
Una cosita mínima que muchos llaman mala educación o soberbia o arrogancia…
Y es que no seremos la puta de nadie.
Confía en mí, lee eso: