Debería haber una ley universal. Y lo que te voy a decir puede que se quede corto.
– Nadie debería escribir un mensaje en redes sociales hasta haber enviado 1.000 emails.
– Nadie debería enviar un email hasta haber mantenido 100 conversaciones telefónicas.
– Nadie debería mantener una conversación telefónica hasta haber pisado 10 oficinas.
– Y nadie debería pisar una oficina hasta haber pensado con profundidad en al menos 5 negocios.
Hablo de una simulación mental seria. Papel y lápiz. Costos, ingresos, equipo, procesos. Fantasear con las cuentas.
Te sonará raro, pero lo que me parece raro a mí es pensar que puedes vender por email o por redes sociales sin haber disfrutado de la cara de indiferencia de un cliente al que le has dedicado tu mejor idea.
O pretender montar un negocio sin mostrar la cara.
O confiar en que podrás contratar a un vendedor.
O que un guion telefónico compensará unas piernas que no dejan de temblar.
Y una locura me parece creer que un negocio se construye con socios, buenas ideas, amabilidad, satisfaciendo necesidades y pasión, mucha pasión.
Nada de esto se convertirá nunca en ley. Pero puede ser un buen recordatorio de cuáles son los pasos en el camino hacia la libertad.
¿Simple? Hasta el extremo. ¿Fácil? Depende. De si lo que te gusta es el dinero o reinventar la rueda.
Si la respuesta es el dinero, esto te interesa: