No soy yo, eres tú.
Créeme, poca gente vive mejor que yo.
Permíteme advertirte: este email te va a joder. Si eeres delicadito te recomiendo que dejes de leer.
Te decía que poca gente vive mejor que yo y que me creas.
Si quiero madrugar madrugo, si no, no.
Si quiero apagar el celular durante días, lo hago.
Si quiero dejarlo todo para broncearme como un camarón, también.
Y así con todo.
Tengo alguna reunión cada semana de las que no me puedo escapar, eso no te lo voy a negar, pero eso es todo.
Y aún así, como te decía al principio, no soy yo, eres tú. Tú o la mayoría, ya me entiendes. Que no hace lo que tiene que hacer.
Si el mundo hiciera lo que hay que hacer yo tendría que esforzarme mucho más. Es más, casi se lo agradecería. El mundo es tan flojo que me mata la ambición.
No es esfuerzo, no es inteligencia, no es talento, ni tampoco habilidad. No es ni siquiera fuerza, trabajo físico, ni echarle bolas. Estamos en un punto de la humanidad en el que no es, ni siquiera, nada de eso.
Es, simplemente, hacer lo que hay que hacer.
Es valentía y ni siquiera. Es no-cobardía, eso es.
Llegados a este punto mi consejo es claro:
Si da miedo es casi garantía de que deberías hacerlo, de que funciona y de que es rentable.
¿Garantía total? No, pero casi.
Esta cobardía la he sufrido personalmente y la he visto en otros.
Cuando me la hicieron ver a la fuerza en mí la comencé a reconocer en casi todos los lugares.
Todos con los que me crucé, sin excepción, tenían un problema de cobardía.
Las cosas que decían y cómo las decían transmitían inseguridad. ¿Y sabes lo que dicen las personas que perciben inseguridad?, te lo digo:
«Me lo tengo que pensar.» «Tengo que hablarlo con mi socio.» «Por ahora no, pero podríamos ver más adelante»
¿Te suena? Pues ya sabes.
Para los que ya han identificado esa actitud y la han superado, aquí te dejo como sacarle provecho.