Mucho cuidado con este tipo de cliente

Te encontrarás con gente que quería conseguirlo y no lo ha conseguido.

Peor. Que no lo han conseguido por huevones. Por falta de disciplina, de autocrítica, por hablar más de la cuenta y marear la paloma, por no actuar.

Te darán consejos.

Son las enredaderas.

Están en tu familia, entre tus vecinos y compañeros de trabajo, entre los que llamas amigos y están, sobre todo, entre tus clientes potenciales. 

Nada les aterra más que hagas lo que ellos nunca se atrevieron a hacer.

Eso sí que no.

Atacan con simpatía. Te dirán que «Les gustas», que solo quieren hablar un poco.

 

De vez en cuando.

Cada día.

Pero muy poco.

Una hora.

Consultas absurdas, propuesta tras propuesta y revisión de la versión de la rerevisión de la preversión.

Y consejos, abundantes consejos. Que así no venderás, que su caso es distinto.

No es que no tengan dinero, es que tú eres caro y ganarse la vida sin penurias, una estafa.

Cuando el éxito sea innegable te compararan. Que no es para tanto, que hay otros que más, que hay otros que mejor.

Que no te moleste. No son más que adolescentes en celo que eyacularán si reconoces su existencia.

Y si no lo consiguen dirán que antes le caías mejor, que has cambiado.

Mientras en lo único en lo que realmente piensan es que el tiempo que pasas con ellos no estás sacándoles ventaja.

Entiendo si te parece un disparate, pero también sé que si llevas suficiente tiempo haciendo las cosas bien ahora estás asintiendo y maldiciéndote por no haberlo visto antes.

El lunes destriparé un embudo de ventas que le saca provecho a todo el que se acerca a ti.

Una estrategia que ha sido responsable de más de un 20% de mis ventas.

Un maldito detalle que sin hablar, ni caer bien consigue que cada conversación con un cliente se convierta en una oportunidad de cierre. 

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