No estoy de vacaciones. Estoy dominando mi rareza.

Hace tiempo descubrí que escribir podía darme libertad.

Y me la dio.

Pero la escritura no es mi única apuesta.

Montamos un negocio de automatización de infraestructura.

Y descubrimos algo que duele:

Un país lleno de técnicos, ingenieros y graduados…

No hay casi nadie que piense por sí mismo.

La mayoría espera órdenes.

No proponen.

No lideran.

No resuelven.

Así que decidí aprender electrónica y programación por mi cuenta.

Porque los que estudiaron eso, no están haciendo un coño.

Y en pocas semanas tanteando, ya veo algo claro:

Hay cientos esperando las soluciones.

Y mientras tanto, yo las estoy construyendo.

No es que siempre fui así.

Hace unos años se me ocurrían ideas raras.

Y la mayoría eran una mierda, claro.

Las contaba, me veían con cara de lástima…

y yo retrocedía.

Por marico.

Pero ahora sé que hay rarezas que son rentables.

Si sabes cómo dirigirlas.

Paso horas con microcontroladores, cables, código…

y a ratos también rascándome las bolas, que para eso es mi tiempo.

Y por primera vez en mucho tiempo, me siento como un chamo que se emociona con lo que está aprendiendo.

Y lo mejor:

en este mundo tan específico, tan técnico, tan extraño…

soy el único que también sabe cómo comunicar.

Así que el que no entienda, que pregunte.

Y el que quiera pagar, que pase adelante.

Este lunes publico una lección donde te explico cómo convertir ideas raras, absurdas o directamente inverosímiles…

en dinero.

TE APUNTAS AQUI…

Y que sigan disfrutando sus vacaciones.

Yo estoy disfrutando mi ventaja.

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