Ayer saqué del garaje un carro que tenía más de dos años parado.
Moho por fuera.
Heno por dentro.
Puertas trabadas.
Cauchos sin aire.
Todo apuntaba a que estaba más muerto que tu fuerza de voluntad después de una ruptura.
Pero le conecté una bateria.
Y prendió al toque.
Ahí recordé una cosa que también aplica al trabajo, a los negocios, a los proyectos personales y a la gente que quiere “empezar algo” pero lleva años sin mover un dedo:
No todo lo que está olvidado está muerto.
Y no todo lo que parece jodido necesita un milagro.
A veces solo necesitas moverlo.
Hacer algo.
Lo que sea.
Un paso.
Un empujón.
Una palabra.
Un correo.
Lo haces, y empieza a girar una rueda.
Y luego otra.
Y después, sin darte cuenta, estás metido en una cadena de acciones que ya no se detiene.
Hasta que paras tú. O la vida.
Hay gente que me dice:
“Ygor, no me llegan los correos del curso.”
Y claro que no les llegan.
No están suscritos.
Solo entran a la web a ver si hay algo nuevo.
Como si el contenido importante se publicara ahí por accidente.
Si no estás en la lista, no te va a llegar nada.
Y si llega, no será lo bueno.
Será un pedazo de lo que sí les llega a los que sí están.
Es así de sencillo:
O te mueves, o te oxidas.
O entras, o miras desde afuera.
Esto es para escribir, para vender, para moverte, para crear cosas.
Y no te prometo medallitas ni aplausos.
Pero si te metes, te juro que te va a doler un poquito menos mirarte al espejo y decirte que hiciste algo.
Aquí se entra
Y si no quieres entrar, no pasa nada.
Yo seguiré escribiendo.
Y tú seguirás leyendo lo que dejo afuera.
Allá tú.