Un señor al que llamaremos José Luis compró uno de mis materiales. No le llegó. Y en lugar de escribirme para contarme el problema, me mandó un correo directo:
“Eres un estafador. Conozco a alguien del CICPC», AEIOU y varios acrónimos más.
Mi método para saber si un problema con un cliente es culpa mía o suya es infalible:
Si actúan como si se hubieran criado en una manada de hienas, culpa suya.
José Luis había escrito mal su correo electrónico.
Esto pasa en ventas también. Cuanto más alto gritan los clientes, más estúpido lo que dicen.
Es como los haters o los fanáticos políticos:
El que más llora, menos razón tiene.
Muchos creen que este es el problema del mundo:
Los brutos están completamente seguros de sí mismos y los inteligentes llenos de dudas.
Yo digo que es maravilloso.
Porque lo único que necesitas para vapulear al 75% de tu competencia es una pizca de autocrítica.
Pero ahí viene el problema.
Como la mayoría de los vendedores depende de facturar un dólar más para sobrevivir, terminan aceptando con una sonrisa a cavernícolas por clientes.
¿Y sabes qué pasa cuando hueles a muerto?
Que los únicos que se acercan son los zamuros.
Por eso te digo:
Si no quieres perder tiempo con cavernícolas, aprende a detectar señales. Y, sobre todo, a hacer propuestas imposibles de rechazar.
Te hablo de ambas cosas aquí…
-Crear presupuestos que sean un “Sí” automático.
-Identificar en segundos a los coleccionistas de propuestas.
PD: José Luis corrigió su correo, recibió el material y hasta me pidió disculpas. ¿Y su amigo del CICPC? Nunca apareció.
PD2: José Luis no es un nombre real pero no pude resistirme a utilizar este acontecimiento