Quién lo lea es gay.

A no ser que lo diga explícitamente, envío un email cada día.

Llevo haciéndolo 3 años.

Camino de 4…

(Que esto de “camino de” siempre me ha parecido una estupidez, pero suena importante y a la gente le gusta sentirse parte de algo que avanza).

El caso es que el email de hoy llega tarde.

Y no porque sea irresponsable.

Sino porque para escribir bien primero hay que vivir.

¿Sobre qué vas a escribir si no haces nada?

¿Qué vas a decir si no te pasa nada?

¿De dónde sacas criterio si no te equivocas, no te expones y no la cagas?

Si no te rompen un poco el ego,

si no te parten la cara,

si no haces algo que te dé miedo…

¿de qué vas a hablar?

Te lo digo yo:

De frases recicladas.

De ideas prestadas.

De opiniones que no son tuyas.

Hoy me levanté sin ganas de escribir.

Cero.

La cabeza espesa.

El cuerpo cansado.

Diciembre fue una locura.

Universidad.

Cierres.

Amigos secretos.

Planes que no pedí.

Conversaciones que se alargan más de lo que deberían.

Y estos últimos días del año decidí algo distinto:

Hacer todo lo que no tuve las bolas de hacer durante el resto del año.

Retomar proyectos viejos.

Cosas que no pasan sentado en un escritorio mirando una pantalla.

Mover el cuerpo.

Mover la cabeza.

Mover decisiones.

No tengo mansión.

No tengo bañera de hielo.

No tengo sauna.

Tengo recuerdos.

Tengo incomodidad.

Tengo una vida pasando.

El punto es este:

Hay gente que escribe para fingir que vive.

Y hay gente que vive… y después escribe.

Yo prefiero lo segundo.

Porque no se trata de contar lo que haces, sino de entender lo que aprendes mientras lo haces.

No de dar lecciones.

Sino de provocar claridad.

Eso era lo que estaba buscando estos días:

Claridad.

Sobre lo que viene.

Sobre lo que no quiero repetir.

Sobre qué proyectos merecen volver y cuáles deben morir de una vez.

Quizás lo hice sin darme cuenta para tener algo real que decirte ahora…

y en lo que viene en enero.

Porque el próximo boletín trata justamente de eso:

Del futuro.

Del pasado.

De lo que sí funcionó.

De lo que fue puro autoengaño.

De cómo seguir construyendo algo propio sin venderte el alma.

El primer boletín del año llegará alrededor del 15 de enero (sí, hay retraso… es diciembre, no jodas).

Pero el último día para entrar es el 31 de diciembre.

Mal día para comprar cosas, lo sé.

De hecho, si compras ese día, revísate.

Mejor ahora que después.

Aquí

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