Quién se ha llevado mi queso.

Una vez leí Quién se ha llevado mi queso.

No porque quisiera.

Me lo pidió alguien.

Y como en ese momento estaba más bobo que nunca, no solo acepté… sino que lo leí entero.

Imagínate qué huevón.

Lo cerré y seguí con mi vida.

Hasta que un día me vi sin un coño.

No es que me hubieran quitado el queso.

Es que nunca tuve nada.

Y ahí entendí lo que el libro no me enseñó:

Que hay dos tipos de personas en el mundo.

Los que esperan que el queso caiga en su cesta.

Y los que se mueven.

Los primeros lloriquean, miran al techo y dicen:

— Es que mi competencia vende más que yo y no lo entiendo.

— Es que hace videos de mierda y aún así le compran.

— Es que está rodeado de enchufados y yo no tengo a nadie.

Qué pena.

Qué tragedia.

Qué lloradera.

Mientras tanto, los que sí se mueven entienden algo:

El mejor negocio del mundo es no depender de que te tiren el queso.

De eso habla la lección que vendí hasta ayer a las 23:59.

Si hubieras estado atento, la habrías comprado.

Pero no lo hiciste.

Y ahora, cuando leas esto, ya no está.

Exactamente igual que tu queso.

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