Sí, tal cual como lo lees.
Me he vuelto un intolerante. No puedo hacer negocios con gente a la que no le gusta el dinero.
No los aguanto.
Por negocios me refiero a cualquier cosa. Comprar, vender, intercambiar, crear una empresa o cualquier cosa.
Te hablo de la peluquera, carajo. De la empresa de transportes, la masajista, el panadero o del huevón que quiere contratar a alguien para hacer el último baile de Tik Tok.
O te gusta la plata o no puedo. Todo se vuelve demasiado mugroso. Es como andar caminando con un kilo de mierda pegada a cada suela.
El que cobra por horas, el que busca y compara, el que no trabaja online o el que menciona que nunca lo ha hecho así.
El que está contento como está o al que su mujer no lo deja.
El que tiene que pensárselo o el que necesita una presentación, un business plan y un mapa con instrucciones para encontrarse el hueco del ano.
El de «conozcámonos», «no te preocupes que yo voy» y el de «primero un café».
El que cierra para almorzar y el que prefiere ir poco a poco.
El que ya me llamará cuando vuelva y el que posiblemente lo ofrezca en el futuro.
El que tiene que consultarlo y el que hasta dentro de un mes no puede.
El que pospone la reunión porque le ha salido un juego, el que tiene la agenda llena y el que está en cama con gripe.
El que necesita un mes para hacer el presupuesto o que rellenes cuatro planillas.
El que tiene todos los festivos marcados en el calendario.
No puedo. Me entra una ira asesina difícil de explicar.
Y al que le gusta el dinero eso lo entiende. Ese va, mata y vuelve. No consulta, opina, ni considera. Mueve el culo y arranca cabezas con los dientes.
Lo que el tipo que no respeta el dinero no entiende es que en el rato que intento entender la mierda que lleva en la cabeza lo he hecho cuatro veces y en el tiempo que me he ahorrado he ganado la plata necesaria para hacerlo siete más.
El mundo funciona así. Una parte del mundo al menos.
Mi parte.
La parte del mundo en la que quiero estar, la gente con la que quiero juntarme.
Así comienza la carta de ventas más larga que he hecho y que ha captado a más de 1.500 personas de diferentes sectores, en Venezuela, por email y por teléfono (llamada) en tan solo una semana y con un presupuesto ridículo.
Si estás de este lado te interesa conocer más…
PD: en el último párrafo hay muchos imposibles pero no me creas a mí, regístrate y lo ves con tus propios ojos.
PD2: no es broma, en serio, si eres un huevón no te apuntes, seguramente acabaré expulsándote en cuanto me preguntes la primera huevonada.