Cuando manejo, voy rápido.
Si ya sé a dónde voy y me siento cómodo no hay razón para ir despacio.
A todo coñazo. Sin mirar atrás.
Y eso, para muchos, es un problema.
La mayoría no entiende el concepto velocidad.
Ni saben lo que es, ni son capaces de procesar lo rentable que es.
Piensan que velocidad es ir corriendo a todo coñazo mientras giran siete platos con la derecha y hacen malabares con huevos de codorniz con la izquierda.
Llaman velocidad a lo que en realidad es ir como un pollo sin cabeza.
Velocidad no es eso. Velocidad son cinco pases al primer toque y gol.
Una mirada capaz de contar un chiste.
Lanzar la pelota no a donde está el compañero, sino a donde estará en medio segundo.
Eso es velocidad.
Y eso solo se consigue siendo competente… y rodeándote de competentes.
Gente que hace lo que hay que hacer, cuando hay que hacerlo, como hay que hacerlo, sin que nadie les recuerde que hay que hacerlo.
Gente preocupada por ganar e irse a su casa a que le bajen las revoluciones.
No por hacer arte.
Ni por perseguir su pasión.
Ni por tomarse tres cervezas y cuatro cafés.
Ni por caer bien.
Ni por evitar un problema.
Genios que ganan y desaparecen.
Realmente existe poca gente así, es verdad.
Pero te prometo que si te rodeas de ellos, y eres capaz de jugar a su nivel, en un segundo entenderás por qué existen unos pocos que vuelan en un mundo en el que el resto se arrastran.
Y ese equipo de competentes lo debes formar por arriba, por abajo y por los lados.
Empezando por elegir a tus clientes.
Porque es imposible volar cuando alguien te agarra del tobillo.
El lunes te contaré la técnica que empecé a aplicar hace unos pocos meses para generar mejores clientes.
Cómo corrí un 80% de los jodedores que me llegaban…
…y con eso, dupliqué mis ganancias.
Lo cuento en la lección del lunes.
Te apuntas aquí…