Toda la vida te han dicho que esto es bueno, pero es mentira.

Imagina que hoy pasas una hora a solas contigo mismo.

Sin ruidos, sin compañía, sin música de fondo ni redes sociales. Sin cervezas y sin galletas.

Imagina que te preguntas cómo te gustaría que fuese tu vida.

Imagina que te contestas como si fueras un ser todopoderoso. Sin límitaciones, sin juicios, sin complejos.

Imagina que te visualizas como el protagonista de una vida tal y como la acabas de imaginar. Imagina que lo haces cada día, a cada hora.

Imagina que eso te lleva a creerte que es posible.

Imagina que te convences de que lo conseguirás.

Imagina que te pones un plazo de tiempo.

Imagina que lo reduces a un año. Medio. Tres meses. Uno. Dos semanas.

Imagina que imaginas que tu vida depende de lograrlo.

Imagina cómo tendrías que pensar, cómo actuar. Cuál es la acción que más te acercaría al objetivo.

Imagina que pones toda tu energía en eso e ignoras el resto.

Imagina que dejas de editar, de revisar, de repasar, de supervisar, de corregir, de mejorar.

Que empiezas a jugar al primer toque, que eliges todo el tiempo el camino de menos resistencia, que eliminas fricciones a machetazos, hablas claro, no evitas el conflicto, dices que no cincuenta y siete veces cada día y que cuando dices que sí empiezas a ejecutar en el momento.

Imagina dónde estarás en un año, un mes, una semana.

Imagina.

O también puedes no imaginar nada de eso. Y pensártelo, a decir «no sé», esperar una semana más, a esa otra cosa, a que estés más cómodo y a que el riesgo haya desaparecido.

Total, se vive cien veces.

Tu paciencia es admirable, eso te lo reconozco.

© Copyright 2024 – Todos los derechos reservados, Estimulante C.A.