No entiendo el mundo actual.
¿Por qué está mal visto el éxito?
¿Por qué, si eres millonario, eres malo?
¿Por qué, si eres billonario, eres el anticristo?
¿Por qué?
Por sus patéticos celos. Ese es todo el motivo. Envidia.
¿Te preocupa que a algunas personas no les gustes?
Coño, si no te estás ganando enemigos no estás ganando plata.
Si no todo el mundo te odia no estás exprimiendo todo tu potencial.
Y todo el mundo dirá, «Al menos dormirás bien por la noche.»
¿Dormir?
¿Quién tiene tiempo para dormir?
Palabra de Triple H (luchador de lucha libre), amén.
Si no todo el mundo te odia no estás exprimiendo todo tu potencial.
Que eso va a pasar, va a pasar.
O eso o caer en la más absoluta de las indiferencias, el olvido y la mendicidad.
¿La mendicidad?
Sí, la mendicidad. La mendicidad moderna. La mendicidad en la que viven todos los huevones cabeza de mantequilla.
Mendigar por un trabajo, mendigar por un toldo en la playa en agosto y por que no llueva en semana santa.
Mendigar por que las cosas sigan funcionando un poquito más y no te den un patada en el culo, o el negocio no decaiga, o mendigar por la pensión y por que te salga el bono de patria.
Mendicidad, mendicidad y más mendicidad. Mendicidad de las más miserable.
Y todo por pensar que podías evitar que te odiaran. Porque pensabas que podías pasar de puntuillas por un pasillo lleno de cáscaras de huevo y no hacer ruido.
¿Y lo peor? Que parece que lo vas a conseguir, que vas por muy buen camino. A este ritmo te mueres y nadie se entera de que has nacido.
Felicitaciones pana, gran logro.
Confiemos en que Triple H nos muestre la luz.
Te quiero.
El miércoles publicaré una lección en la que enseñaré jiu-jitsu. Es decir, cómo utilizar el ataque de un cliente insatisfecho o un huevón que te odia para aumentar tu autoridad y atraer a clientes de calidad.
Y todo sin conflicto, sin una palabra más alta que otra.
Como te decía, te quiero.
El miércoles. (No estaré ni lunes ni martes)
Reciben quienes entren antes del martes.
El resto se lo pierden para siempre.
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