Pasas el día haciendo cosas.
Hablas con fulano, hablas con mengano. Vas aquí y allá. Ves y dices.
Mientras, otras personas también pasan el día haciendo cosas, otras cosas, cosas similares pero no iguales. Similar inversión de tiempo y energía, diez veces el resultado.
Dicen, pero dicen cosas distintas.
Van, pero van a lugares distintos.
Y ambas cosas las hacen con personas distintas.
Y solo por eso, te dejan tragando polvo.
De lejos, indistinguible. Mirando la cuenta bancaria, dos universos.
¿Estás llorando? Lo sabrás si te entran ganas de decirme que también hay quien lo hace peor. Si es así, efectivamente, estás llorando.
Entonces, en cuanto a ese mensaje buenista de «Tú puedes…» Es cierto. Ya estás poniendo el tiempo y la energía. Ahora solo tienes que dejar de tomar las mil decisiones equivocadas que tomas cada día. Una detrás de otra. Para ya, por favor.
Pero claro, ¿qué vas a hacer? Si eso es lo único que sabes. Dicho de otra forma, lo que no sabes te está costando 99 veces o 9999 lo que estás ganando.
Te cuento cómo lo he hecho yo: