Voy caminando por la calle con el corazón como un martillo.
Pum, pum, pum.
Voy a todo coñazo.
Adelanto a las putas viejas que no me dejan pasar por la acera.
Y les adelanto como escapando de mi inevitable destino de ser algún día un viejo más al que alguien desesperadamente lo adelanta por la derecha.
Me da igual mi destino, aprieto más las piernas y los dientes y camino aún más rápido adelantando a todo mundo.
El corazón sigue martilleando a todo volumen.
Pum, pum, pum.
Tengo que llegar a la oficina y hacer esto y lo otro y lo otro.
Tengo muchas cosas que hacer y poco tiempo que perder.
Pienso en la velocidad, en el disfrutar, en las ganas de vivir y en que tengo que sacar mi vida adelante.
No pienso en frases que más tarde me repetiré a mi mismo como “la mejor manera de ir rápido es ir lento”.
Y no pienso nada de eso porque es finales de 2022 y tengo ansias de que mi negocio funcione.
Muy apurado.
No tengo dinero, no sé muy bien qué hacer y el cortisol que recorre mi cuerpo sustituye a la sangre en vena.
Repasemos:
No tengo dinero.
Tengo tiempo.
Pero estoy apurado.
¿Qué hacer?
Te digo lo que hice yo en aquel momento.
Me bajé de la vida, casi quedó en pelotas, dejé todo atrás, empecé de cero pero por cosas del destino acabé en una agencia haciendo lanzamientos y lanzam…
Las ansias matan, dicen. Aunque si me preguntas hoy te digo lo que haría si estuviera de nuevo en esa situación.